
¿Hasta que punto una amistad virtual es útil? ¿Se puede ayudar a alguien a través del Internet?
"Tan sincero como un amigo de facebook", ¿has escuchado esa frase?
Quiero desahogarme de cómo me curé del síndrome de grupos literarios en el Internet, de la adicción a foros virtuales de literatura y de las llamadas redes sociales. Soy jubilado y sin hijos, tengo tiempo suficiente para meterme en cuanto recoveco existe en la red. Inclusive llegué a crear un grupo virtual y fui moderador con la única intención de aprender y compartir. Estuve casi dos años en él, hasta que poco a poco sucedían cosas que me ponían en alerta y al final tuve que cerrarlo.
Comencemos con los correos electrónicos en los grupos virtuales de escritura creativa y literatura: ¿les ha pasado a ustedes? Esto de enviar mensajes e-mails y comentar en grupos a veces resulta algo paradójico e impredecible, y a veces es hasta como una trampa adictiva. Me explico: yo enviaba un comentario con mucho afecto a una persona y esperaba retroalimentación, pero nada recibía. Entonces me imaginé muchas causas por la cual no contestaba; comenzaba por las positivas como: ay, bendito debe estar ocupadísimo o a lo mejor esta enfermó, se le dañó la computadora; esta de vacaciones; no lo vio, se le olvidó; no le interesa…., etc. Pero luego lo veía en otro foro contestándole a otra persona y entonces el ego se me subía, comenzaba a imaginarme las peores cosas: mal agradecido, come eme, etc. A veces era inesperado, del menos que yo imaginaba, recibía un mensaje, y yo, congelado del asombro o del espanto. Otras veces me figuraba que fulano de tal me iba a hacer un comentario, pero nacarile del oriente. Y después lo veía en otro lugar dándole una exégesis a otro. A veces enviaba algo con la fe de que recibiría mucha baba y glosa, pero nada; otras veces yo enviaba una bobería y cataplúm, me llovían las críticas. De vez en cuando tenía la sensación de que era invisible: una persona comentaba lo de otro pero no el mío; alguien que no conocía preguntaba por mí y así de manera vertiginosa ocurrían esas paradojas, contrariedades, pendejadas y titismiquis en el mundo llamado virtual. ¡Mire mi hermano! ¡Que impersonalismo!
Y los personajes en esos grupos no se quedaban atrás, iban en diversas categorías. Recuerdo a la solitaria que no escribía bien y lo que buscaba era atención y chatear para quejarse y desahogarse de su situación matrimonial; al intolerante adulador, autoritario que quería sacar del grupo a todo aquel que le caía mal, ya sea porque le decían la verdad o no lo alababan. El súper Dios malcriado, que tenía el síndrome de actuar como si fuera un dios; el que a cuenta que ya estaba en la llamada tercera edad se creía que podía hacer esas cosas. Y a la escritora ególatra que cada vez que alguien enviaba un texto ella decía: …"ah sí, yo también escribí algo así, bla-bla…”; yo la llamaba La Veleta, ya que cada vez cambiaba de opinión y de vez en cuando te estrujaba en la cara que había ganado un premio o que la publicaron en la prestigiosa revista de las letras.
Y que decir de los inestables, los muy intelectuales, el de la teoría del caos anarquista; el que se desdoblaba su personalidad y tenía distintas identidades; en fin nidos de egocentrismos rampantes. Y para colmo se construían fraternidades con reglas y todo dentro de un minúsculo universo de percepciones. Y siempre había una discusión y un mal entendido sobre la mesa. Un sábado por la tarde una de las participantes me llamó por teléfono para quejarse de otro participante... eso fue la gota que llenó el vaso.
Si señoras y señores, yo fui creador y moderador de uno de esos grupos, y un día, cansado de tantas changuerías, lo cerré. El desaliento me consumió. Se tornaba aquello en una responsabilidad inoportuna. Pocos me agradecieron. Poca retroalimentación; parecía que todos iban en otra dirección y yo en otra. Se me formó una ansiedad de la expectativa en la espera. Con la computadora lenta, me robaba tiempo, y hasta me dio hasta un espasmo en la espalda, que tuve que ir de emergencia al doctor.
Y resolví terminar con ese nido de egos, con toda esa vaina: no mas amiguismos; nada de compadrazgos; nada de clichés; nada de categorismos; nada de adulaciones e hipocresías; nada de censuras; nada de fanatismos religiosos o políticos, nada de cursilerías; nada de insultos y ofensas y mucho menos egocentrismos exacerbados y competencias. Nada personal y mucho menos nada de intolerancias, reglas y fraternidades. Finito. Libertad.
También congelé o acorté el famoso llamado Facebook, al cual yo lo he bautizado con el nombre de Egobook, ya que parece una cueva de egos en busca de popularidad y fama; nadie ve, nadie oye, nadie huele, y se jactan de que tienen muchos contactos, o peor usan la palabra amigo de muy mal manera. Una inutilidad total en varios aspectos, pero decidí continuar con él para escribir notas de positivismo, y solamente tengo en ella a personas a las cuales realmente les intereso y a la vez yo me intereso por ellas. Es súper raro como personas de tan lejos te llaman y te buscan, y las que están cercanas a tu área si les das el telefóno o la invitas a que se acerque más, como que cogen miedo y se alejan, por más amigos que se digan ser en la red.
Aprendí con la experiencia y ahora uso a la computadora, ella no me usa a mí. Todavía recibo la carta del heredero de la república de Ganboso, el emilio del premio de la lotería Real y hasta el e-mail de cómo agrandar mi pene, pero sonrío y las borro con paciencia.
Siempre entendí que en esos grupos -donde tanto aprendí y me ayudaron muchas buenas personas-, la única regla era ser objetivo y respetuoso, nada más. Si acaso, saber usar las palabras ciertas en el momento apropiado; saber respetar el espacio de otro; saber escuchar y ayudar; enviar palabras de apoyo y de estímulo; si tuviera que criticar, que sea con educación; usar el buen sentido del respeto; saber también aceptar críticas; nunca usar palabras ofensivas y ásperas; respetar la opinión del otro; en fin, participar de una lista de discusión es plantar una semilla que irá a crecer y dar frutos. Pero es lamentable decirlo, la mayoría del tiempo no fue así.
Ahora saco los domingos para estar lejos de toda la electrónica. Me liberé. Todavía me envían paquetes de mensajes sublimes gente que no conozco, pero una notita privada de un hola, estás bien, es aceptable. El Internet, como todo, aumenta el estrés si no se sabe usar; la información nunca acaba y se corre el riesgo de convertirse en un adicto. Ahora uso la computadora, ella a mí no; y el correo electrónico lo uso para escribir cartas a mis amigos. Solo recibo pensamientos positivos, reflexiones, un cuento, un chiste…y mensajes de dos o tres personas escogidas amigas, que se ha sabido ganar mi cariño. Cancelé, bloqueé. Ahora me llegan “spam”, pero si veo algo de un buen amigo entre ellos, es como si encontrara una perlita en la basura, y no importa lo que me envíe, ya sea un saludo personal, un chiste, un PPS con sentido, un poema, cuento, etc. lo celebro.
Algo más que añado a mi libre albedrío y libertad: Ahora que soy libre de la adicción a grupos en el Internet, de apegos a gente que no veo, de esperar que me escriban, de tradiciones y días festivos, del afán de ganar y competencia y del que dirán de la familia; de religiones e iglesias controladas y absurdas, soy más realista. Millones escriben y yo soy un granito; pero mi mensaje como el de todos llega, todos tenemos un cielo.
Nada de convencionalismos, cursilerías ni nada que si Dios quiere; Dios no quiere ni desquiere…Nada de amiguismos; nada de compadrazgos; nada de clichés; nada de categorismos; nada de adulaciones e hipocresías; nada de censuras; nada de fanatismos religiosos o políticos, nada de cursilerías; nada de insultos y ofensas y mucho menos egocentrismos exacerbados y competencias. Nada personal. La vida está hecha de oleadas.
¿Se puede ayudar a una persona a través del Internet? Creo que si, con prudencia, cautela, compasión y cierta sabiduría. Y mucha sinceridad.
Estoy de acuerdo con la mayor parte de los puntos de vista que nos muestra en ésta refexión,como lo de la veleidad en comentar de las personas,y las variopintas razones que impelen a muchos participantes,desde salir de su propio vacío,cuando no compartirlo,hasta intentar apantallarnos en su pretensión de genio,aquellos que son una leyenda dentro de su propia mente.
ResponderSuprimirPero al paso de meterle horas-hombre a la red,puede uno modificar tanto el uso como la actitud dentro de la misma.
A quienes nos gustan las letras nos brinda un ejercicio invaluable de superación,y la esperanza de colocar algunos cuentos,poemas o artículos rescatables,para dejarlos a nuestros congéneres a que hagan con ello lo que les plazca,de preferencia que los disfruten.
En cuanto a esperar retribución,no estoy de acuerdo,pues la vida es así,y si ya dió uno con autenticidad no hay que esperar nada a cambio.En todo caso si llega uno a detectar a alguien de ésos que sólo reciben pero jamás dan,pues se le corta la comunicación y ya.Es como en un jardín cuando saca uno a la mala hierba.Por ahí una vez leí que quien no te beneficia,generalmente te hace daño.
Antes de vivir en mi etapa actual de ermitaño,más de una vez le dije a alguien que no me volviesen a hablar el resto de sus vidas,y que les deseaba yo el bien,pero yo tampoco les volvería a hablar.
Y ésto concordó con un sabio teorema de la India que dice que cuando uno quiera matar a alguien no lo haga,sino simplemente lo excluya en total de su vida y al tiempo tendrá el mismo efecto,sin necesidad de recurrir al crimen.
Ahora el tema del ego,es como todo,hay egos sofocantes pero también los hay depurados y plenos de belleza,todo es relativo,nada es absoluto,decía mi maestro Einstein.
La amistad virtual existe a nivel conversación solamente,y con la ventaja que nos exime de aguantar facetas del otro individuo que no pudiésemos lograr en una relación en persona,como olores,necedades,exigencias y un sin fin.Yo tengo un primo con el cual me fascina hablar por teléfono,nos reímos mucho e intercambiamos observaciones de lo más interesante.Pero si ando en compañía de él,no falta que provoque él la ocurrencia de un hecho molesto.Y vive sólo con la mala costumbre de jamás limpiar.Nos llegamos a ver en las navidades y la pasamos bien cenando con una tribu grande familiar,pero aparte de éso,si llego a visitar su localidad después de meses de no verlo,no le busco,prefiero evitarlo.Pero igual le llamo y ambos la pasamos bomba.
Me gustan mucho sus blogs,y le agradezco más jamás exijo la lectura o comentario a los míos.
Si escribo,pinto,dibujo,y hago jardinería,y cocino,es porque me sale de dentro,hay a quienes les gusta lo que hago,pero como dice el dicho,no soy monedita de oro,pa'gustarle a todo el mundo.
Gracias, Carlos. Tus palabras son como música y ciertas.Todo es mental, relativo y hasta circunstancial. Un abrazo.
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